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Restaurante La Clandestina en Alicante

El concepto de La Clandestina se resume rápido: es como ir a casa de un amigo. En algún lugar de Alicante se encuentra este “restaurante” que no lo es. Desde el momento que tocas al timbre de la puerta de la calle te da la impresión que vas a participar en algo distinto a lo habitual. El anfitrión y dueño de la casa nos recibe al grupo de 10 personas con un “enseguida bajo a abrir”, lo que te sumerge en el espíritu de La Clandestina, como dicen en su blog, una cena que “no tiene mayores pretensiones que estar preparada con excelente materia prima, servida en un lugar agradable ¡y con buena música!”. Lo prometido se cumple.

Lo mejor de todo es que nada a partir de esa puerta es convencional. Entras en su casa, dejando a la izquierda el garaje, con la bici de uno de los responsables de esta aventura, aficionado a su bicicleta y a la montaña, según nos cuenta el otro anfitrión. La decoración, moderna, con mucho gusto y sin excesos, deja entrever que hay mucho conocimiento de arquitectura y decoración en los dueños de la casa (confirmado por los libros que decoraban el comedor). Al subir las escaleras hasta el primer piso, donde se encuentra el comedor, una pared de cristal te presenta la mesa donde íbamos a cenar. Una mesa alargada, perfectamente vestida con mantel y una vajilla moderna pero nada ostentosa. Las sillas, de plástico, quizá sea la única pega de toda la noche, algo incómodas, pero hay que recordar que estamos en casa de un amigo, así que quizá no hubiera sillas cómodas para todos 😉

Una vez entregadas las chaquetas y abrigos al anfitrión, que las colgaba en un perchero, nos sentamos sin ningún tipo de prisa en la mesa. Una primera ronda de cervezas y empezaba la tertulia, sin agobios de camareros, perfectamente controlada por el dueño de la casa que marcaba los tiempos sin ningún tipo de agobios. Tras pasar un rato y tener las cervezas prácticamente acabadas, empezaba la cena.

Todo consistió en un menú cerrado, que cambian cada 15 días, por lo que es casi imposible repetir, consistente en dos entrantes, un plato principal y un postre. Así, empezó a contarnos qué íbamos a cenar, detallando todos los ingredientes de cada plato, cómo se había elaborado y cómo lo iba a maridar con un par de vinos (un blanco de Rueda para el primer aperitivo y un tinto joven D.O. Catalunya para el resto de platos).

Ensalada de langostinos

Ensalada de langostinos

En primer lugar teníamos una Ensalada de langostinos con pomelo rosa y muselina de guindilla. Un plato que unía la acidez del pomelo, con el toque dulce del langostino y el punto picante de la muselina de guindilla. Presentado en una copa de cristal, plato de tres cucharadas que, al unirse los ingredientes en boca, daba unos contrastes muy interesantes. El plato fue maridado con Leguillón Verdejo 2013, un blanco D.O. Rueda, de Bodegas Antaño. Un vino afrutado y fresco con el que se buscaba limpiar el paladar de la potencia del pomelo. Muy acertado.

Timbal de berenjena

Timbal de berenjena

Como segundo aperitivo se presentaba un Timbal de berenjena y queso de cabra. Una especie de milhojas de berenjena, tomate y queso de cabra, coronado de confitura de tomate verde y una reducción de vinagre de Módena pintando el fondo del plato. Muy buena la armonía de sabores, sin destacar ninguno, siendo complicado con la potencia del queso de cabra. En este caso empezamos a acompañar los platos, hasta el final del menú, con vino Basets Tinto 2012 D.O. Catalunya de Bodegas Can Bas. Un vino joven con las variedades garnacha negra, Tempranillo y Cabernet Sauvignon. Un buen vino con el que seguimos encantados hasta el final de la cena.

Raya con suquet de romesco

Raya con suquet de romesco

De esta manera llegábamos al plato principal, quizá al que más ganas le tenía. Y no me defraudó. Una Raya con suquet de romesco. Como nos explicó perfectamente el anfitrión, un suquet de raya hecho con la cabeza y restos de dicho pescado, al que se le añade una majada de romesco hecha con pan, avellanas, almendras, ñora, ajo, perejil, aceite y sal. A este caldo que por sí sólo ya estaría bueno, se le añaden, además del pescado, alubias y patatas, dejando un guiso de cuchara realmente espectacular de sabor. Un gran detalle la explicación de cómo limpiar el trozo de raya para evitar las espinas cartilaginosas centrales y mejor aún la invitación de coger dichas espinas y chuparlas con los dedos. Como nos dijo, “hacerlo como si estuvierais en vuestra casa”.

Fresas con frambuesa y mascarpone

Fresas con frambuesa y mascarpone

Por último, de postre, un vaso de fresas con salsa de frambuesa y mascarpone. La idea, como nos explicó, era acaba casi como se empezaba, con esos toques frescos y ácidos del primer plato. Y se consiguió. La acidez de la fresa y la frambuesa, compensada con algo de azúcar, armonizaba perfectamente con el mascarpone con toques de vainilla que, además, hacía de unión de todos los ingredientes en boca, gracias a su cremosidad. Postre sencillo pero de sabor muy bueno. Un acierto.

Y así pasó la cena, con unos cafés para terminar, alargando la tertulia lo que quisimos, sin ningún tipo de prisa, escuchando la buena música que se oía de fondo perfectamente, pero sin molestar en ningún momento. Estuvimos hasta las 12:30 de la noche, sin una mala cara por parte del dueño de la casa. Casi nos faltó decir aquello de “vámonos que esta gente querrá acostarse”.

Al final, el menú entero, incluyendo todo lo comentado con la cerveza, el vino, el café y el pan (por cierto, el servicio de pan, cuando lo pedimos, sorprendió con dos opciones, blanco e integral de centeno, otro detalle importante) quedó tal y como me había comentado por correo electrónico: unos espectaculares 20€ por cabeza. Teniendo en cuenta que no hubo problema para beber el vino que quisimos, me parece un precio increíble.

Mi más sincera admiración a los responsables de La Clandestina. Da gusto encontrarse con gente que disfruta la cocina y transmite su pasión y conocimientos como lo hacen ellos. Mi recomendación más convencida a todo el mundo para que pasen a probar uno de los menús que elaboran (podéis reservar en el correo electrónico laclandestina.correo@gmail.com y seguirles en Twitter o Facebook). Yo volveré, sin duda.

Ambiente: 8

Servicio: 9

Cocina: 9

Postre: 8

Relación calidad-precio: 10

Nota media: 8,8

P.D.: Las fotos las he cogido prestadas del blog de La Clandestina (os recomiendo pasar para ver también las recetas de alguno de estos platos y de otros de menús antiguos), ya que le daban mil vueltas a las mías y reflejan exactamente lo que nos sirvieron. Como veréis, la última, es mía… 😦

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4 comentarios

Publicado por en 4 de febrero de 2014 en Curiosidades, Española, Gastronomía, Restaurantes

 

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