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Archivos Mensuales: agosto 2013

Restaurante: Tapas&Vins en Elche

El pasado 13 de agosto, día de la Nit de l’Albá en Elche, noche complicada para cenar por el centro de la ciudad, fuimos a un sitio al que le tenía ganas desde que abrieron. No lo clasificaría ni como restaurante ni como bar, ya que es un local pequeño, muy bien decorado, con mesas altas en el interior y unas insufribles butacas de madera (¿no había nada más cómodo que pudiera ir bien con la decoración?) además de unas mesas en la calle peatonal de la entrada. Se trata de Tapas&Vins, también con algún rótulo en la puerta correspondiente a la empresa “Arte ibérico”, junto al CEU, en la calle Carmelitas 2 en el centro de Elche, a 200 metros de la plaza del Ayuntamiento. Zona, por cierto, que se está convirtiendo en el centro del tapeo ilicitano, con bastantes locales para picar “de barra” (por ejemplo la Barra Sabors de la que ya hablé).

Como introducción al sitio voy a copiar su descripción en la página que tienen en Facebook: “Un espacio donde poder compartir los mejores ibéricos con los mejores vinos a precios tranquilizadores”. Me encanta el final. Lo que ofrecen es una selección de productos ibéricos (habría que definir exactamente qué significa esto) maridados con vinos de la Bodega “Vins del Comtat”. Aquí me gustaría decir que son vinos con una personalidad brutal, es decir, distintos a los que te puedes encontrar habitualmente en vinos de esta zona. Nosotros pedimos un par de copas de “Peña Cadiella”, muy bueno, aunque con aromas a tierra y humedad que, particularmente, no me resultan agradables, pero que cambia en boca dando un vino interesante. Y dos copas más de “Santa Bárbara”, que acentuaba los aromas anteriores, resultando demasiado potente en boca para mi gusto. Será cuestión de seguir probando estos vinos.

Platos de Tapas&Vins

El sitio es perfecto para algo rápido e informal, ya que no tienen una cocina muy elaborada, sino basada en tapas frías, que apuntas tú mismo en un papel una vez has consultada la carta, que presentas en barra y te van llamando conforme salen tus platos. Sistema que conocía por la franquicia de “100 montaditos” pero que no había visto en otros locales. Creo que es un sistema que funciona bien cuando hay poca gente, pero si el sitio está lleno la cosa se puede complicar y volverse bastante incómoda. En este caso el local estaba con poca gente, por lo que la cena fue muy rápida.

En primer lugar pedimos dos tablitas de lomo ibérico y de queso de Mahón. Muy buenas las dos. En segundo lugar una tabla variada de tapas, que no indican de qué son, pero que fueron todo un acierto. Por un lado había un rollito de pan con sobrasada, en forma de espiral, con un sabor muy suave pero de mucha calidad. En segundo lugar una tosta con tomate seco y atún, con una reducción de vinagre de Módena. Y por último, una coca de mollitas con un trozo de anchoa y otro de queso, bastante ridículos por pequeños, pero que combinaban bastante bien cuando coincidían en la boca.

Tras esto habíamos pedido un par de “flautas”, dos bocadillos con pan tipo “baguette”, grandes para su precio (2,50€ cada una). Una de jamón ibérico y otra de sobrasada con queso de Mahón. Particularmente me gustó más la de sobrasada, aunque ambas estaban muy buenas ya que los ingredientes son de mucha calidad y el pan es aceptable. Por ponerle un “pero”, quizá estaban excesivamente aceitosas.

Sin postre pero bien cenados, quedó en 22€ dos personas, es decir, un precio más que aceptable. Bien es cierto que la cena tiene poca elaboración y no fueron cantidades exageradas, pero hoy en día, comer cosas de calidad a un precio ajustado, es importante. En definitiva, sitio recomendable para probar unos buenos vinos y picar algo informal.

Ambiente: 6

Servicio: 5

Cocina: 6

Postres: –

Relación calidad-precio: 7

Nota media:  6

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Publicado por en 29 de agosto de 2013 en Elche, Gastronomía, Restaurantes

 

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Restaurante: Gema Penalva Gastrobar (2)

Hoy quería escribir el primer artículo revisando/actualizando opiniones que he tenido de algunos restaurantes. Lo normal es volver a los sitios que te gustan y estos artículos quieren ser una segunda opinión sobre estos locales. Serán artículos relacionados con los anteriores, ya que comentaré los nuevos platos probados o los cambios respecto a la primera visita. La idea es mantener la opinión actualizada, ya que en hostelería, en pocos meses, nos podemos encontrar con cambios tan profundos que parezcan sitios distintos. Y qué mejor forma de empezar este tipo de artículos que revisando el que es mi sitio preferido ahora mismo en Alicante, el Gastrobar de Gema Penalva.

Gastrobar Gema Penalva

Así que, añadiendo todo lo comentado en el artículo anterior, esta vez en primer lugar pedimos uno de los platos que creo que son imprescindibles, las croquetas, especialmente las de marisco. Simplemente espectaculares. Negras por la tinta usada en su elaboración, melosas, con sabor intenso. Las de jamón, muy buenas también, pero tapadas por la calidad de las anteriores.

En segundo lugar, huevo a baja temperatura con sobrasada y queso de mahón. Un conjunto de sabor muy bueno, aunque voy a poner alguna pega al plato. La yema del huevo estaba hecha en exceso, por lo que no estaba líquida, y el sabor del queso se tapaba por la potencia de la sobrasada, que tenía un sabor muy intenso. Salvo esos dos detalles, un plato interesante por la mezcla de sabores.

Antes de pasar a las cocas, nos presentaron un plato fuera de carta para que diéramos nuestra opinión. Es un plato que Gema Penalva hizo en unas jornadas organizadas por Frutería La Cesta (@FruteriaLaCesta) en Sagra, con otros cocineros como Sergio Sierra del Portal, David Pastor de Cervecería Víctor, David Ariza de Restaurante Casa Aleluya, entre otros. Ella elaboró un gazpacho de aguacate y alficoz (muy típico de Alicante, parecido al pepino pero más alargado y fino) con salazones. Presentado en un vasito, un gazpacho con una textura muy fina, con el toque dulce del aguacate y el punto de alficoz, con salazones como tropezón. Me gustó mucho. Lástima de la estacionalidad del alficoz, ya que sería un plato para tener en carta habitualmente.

En cuanto a las cocas, pedimos dos a compartir. La primera una coca de mollitas con vieiras y jamón ibérico. Una mezcla muy conseguida, ya que armonizan muy bien ambos ingredientes. Sencilla pero con una calidad de cada elemento sobresaliente. En segundo lugar, creo que la mejor coca que he comido en este sitio, una coca del pastor con solomillo, setas y gambas, acompañada de una salsa de pimientos muy suave pintando el plato. Espectacular, tanto el punto de cocción de cada elemento como el sabor.

Por último, un postre a compartir, el cremoso de mascarpone con chocolates. Postre consistente, aunque no resulta pesado. El dulce del mascarpone y el amargo del chocolate se complementan muy bien.

Lo acompañamos por una cerveza, dos copas de vino y agua, resultando una cuenta para dos personas de 44€, unos fabulosos 22€ por cabeza. Difícil mejorar la relación calidad-precio. Unido a que el servicio sigue siendo espectacular, atento, rápido y amable. Así, os dejo la revisión de la nota que puse en el artículo anterior.

Ambiente: 9

Servicio: 9

Cocina: 9

Postres: 9

Relación calidad-precio: 9

Nota media: 9

 
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Publicado por en 23 de agosto de 2013 en Alicante, Gastronomía, Restaurantes

 

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Receta: Migas con embutido

Hoy toca otros de esos platos que cocinaba mi abuela y que ahora cocina mi madre (como la coca con tomate, pimiento y cebolla que os conté hace unos días). Así que me fui con mi libreta de apuntes a su casa de mamá e hicimos un plato que no es muy veraniego, ni por consistencia ni por calorías, pero que siempre se ha hecho en casa en esta época por el trabajo que tiene (y en verano hay más tiempo). En este caso se pueden hacer de dos formas, bien partiendo de todos los ingredientes en crudo, bien usando alguno de los ingredientes en bote, lo que acortará algo el tiempo de elaboración. Os cuento las peculiaridades de esta receta de aprovechamiento.

Ingredientes:Migas con embutido 2

  • 3 barras de pan duro
  • 10 salchichas/longanizas blancas
  • 6 morcillas de cebolla (de las pequeñas)
  • 3 cebollas medianas (o 3 botes pequeños de cebolla frita)
  • 2 tomates rallados (o 1 bote pequeño de tomate frito)
  • 1 pimiento verde
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • Uvas para acompañar.

Elaboración:

En primer lugar debemos hacer migas de las barras de pan. Este pan debe estar duro, y cuando digo duro es de los que se pueden usar de arma contundente. Lo que tenemos que hacer con él es desmenuzarlo, sin llegar a ser pan rallado, dejando trozos de medio centímetro aproximadamente (os dejo una foto para que os hagáis una idea). Tampoco hay que agobiarse en el tamaño, ya que siempre se aglutinará cuando lo humedezcamos posteriormente. Este trabajo, que antes hacía mi abuelo con mucha paciencia y un buen cuchillo, ahora se simplifica mucho si tienes una Thermomix. Si no es el caso, ni tienes a nadie que te la regale, lo mejor es un buen cuchillo de sierra y paciencia (también lo puedes ir haciendo en varias veces e ir guardándolo en un lugar seco).Migas de pan

Una vez tengamos todo el pan desmenuzado, lo tenemos que humedecer con agua lo suficiente para que puedas moldearlo y amontonarlo sin que pierda la forma. No debe quedar mojado, simplemente húmedo. Una vez hecho esto, lo reservas mientras sigues con el resto de elaboraciones.

El recipiente usado en mi casa siempre ha sido una paella, de las de hacer arroz. En este caso, si es antiadherente mejor, ya que no tendrás que rascar demasiado el fondo cuando estés haciéndolas.

Os cuento la forma tradicional, es decir, usando productos frescos. Si queremos hacerlo más rápido, usando botes de cebolla frita, tomate frito o algún sofrito preparado previamente, nos ahorraremos el tiempo de pochado de la cebolla, pimiento y tomate, que puede ser algo más de 20 minutos.

Así, en primer lugar, cubrimos con aceite todo el fondo de la paella, es decir, bastante aceite (quizá luego haya que añadir algo más). Una vez esté caliente, añadimos las cebollas y el pimiento verde, que tendremos cortados en trozos pequeños, y les ponemos el punto de sal necesario. El tamaño del corte dependerá de si nos queremos encontrar los trozos de la verdura al comer o no, cuanto más pequeños, más desaparecerán en el plato. Los vamos pochando con calma hasta que coja un color marrón claro la cebolla y el pimiento esté blando.

Mientras se pocha la cebolla, debemos quitar la piel de las salchichas y las morcillas. Cuando esté hecha la cebolla, añadimos el embutido y lo vamos moviendo, desmenuzando con una cuchara o espátula de madera para que no queden trozos grandes. Freímos el conjunto hasta que el embutido esté hecho. Mientras se hace, rallamos los tomates y los añadimos al conjunto y sofreímos durante 4-5 minutos.

Una vez tenemos todo este sofrito hecho, empieza la parte dura. Añadimos el pan humedecido y empezamos a remover. Lo normal es que te parezca que hay mucho pan, pero hay que tener en cuenta que reduce a la mitad una vez acabado el plato.

La forma de remover debe ser con movimientos envolventes, desde el exterior de la paella al interior, pasando todas las migas de bajo a la parte de arriba para que no se nos pegue ni se quemen las que quedan bajo. El tiempo es variable. Lo ideal es ir removiendo durante 10-15 minutos y apagar el fuego. Dejarla enfriar unos 10 minutos (aprovechar para descansar el brazo), y volver a encender el fuego y remover durante unos 10-15 minutos más. Esto repetirlo cuatro o cinco veces hasta que las migas tomen un color marrón oscuro y se dejen de pegar entre ellas. Esto lo notarás porque, cuando saques la espátula con la que lo estás moviendo del fondo de la paella, al principio salen como una masa, que debes ir desmenuzando, pero conforme pasa el tiempo van soltándose ellas solas, hasta coger ese tono marrón y quedar totalmente sueltas cuando las mueves. A mitad de cocción es interesante probarlas, para rectificarlas de sal en caso de ser necesario.

Y tenemos nuestras migas hechas. Como veréis, es una receta que admite innumerables variaciones y matices, desde el tipo de pan usado, que nos variará el sabor de las migas, hasta el tipo de embutido, ya que en cada zona podemos encontrar distintos tipos. Podemos aligerarlas añadiendo más verdura y quitando embutido, pero ya que nos ponemos a comernos unas migas de este tipo, lo mejor es hacerlo con todas las consecuencias… 😉

El acompañamiento ideal de este plato es la uva, tomándola mezclada con las migas le da un toque fresco espectacular, además que el dulce de la fruta complemente muy bien el sabor de las migas. Otra opción, que tendremos disponible dentro de poco tiempo, es acompañarlo con granos de granada, que además nos dará un toque crujiente interesante. Os dejo la foto de la paella completa y dos presentaciones “tipo tapa”, porque el plato que nos comemos mi hermano y yo no es lo normal 😀

Aprovecho para recordaros que en la parte de la derecha tenéis la opción de suscribiros al blog y que os llegue un aviso cuando publico alguna novedad. Además, me podéis seguir en Twitter (@felixcardona) y en la página de Facebook (La Gastroteca de Félix), donde además de los artículos del blog, voy poniendo artículos que me parecen interesantes o curiosos sobre gastronomía. Y a vuestra disposición para cualquier sugerencia o idea que os parezca interesante.

 
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Publicado por en 19 de agosto de 2013 en Carne, Cocinas del mundo, Española, Gastronomía, Recetas

 

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Restaurante: Fore en San Juan (Alicante)

En general, la idea de un restaurante donde igual te ponen comida japonesa que mediterránea o mejicana, en principio, no me da muchas garantías. Creo que hoy en día la especialización es algo imprescindible para que te vaya bien en un restaurante. Intentar abarcar muchos tipos de cocina, si son además tan distintos como estas tres nombradas, con una carta muy extensa para cada una, puede llevar a quedarte a medio camino de todo. Al final, la experiencia fue bastante buena, con algunos matices que os cuento.

Así que, partiendo de esta premisa, el pasado fin de semana fuimos a cenar al Restaurante Fore, en la playa de San Juan de Alicante, exactamente en el campo de golf. Hay dos posibilidades para entrar. Entrando por el interior del club social del campo de golf, accedes a través de la zona de barra, adornada por grandes cristaleras que enseñan parte de la bodega. Más adelante, el comedor, con mucho espacio, con reservados a la izquierda, elegante y de muy buena calidad y diseño, con techos muy altos que dan una sensación de amplitud muy buena. Si entras como nosotros a cenar a través del parking, llegarás directamente a la zona exterior, donde en verano sitúan las mesas para cenar, en un ambiente muy agradable, sobre césped y rodeado de zonas verdes, aunque con poca luz para mi gusto (hay quien lo llama íntimo o romántico, pero en definitiva es que está oscuro). La única pega es que junto al restaurante está la vía del tranvía, por lo que el ruido del mismo resulta molesto cuando pasa, pero es un detalle que para nada desmerece el entorno.

En cuanto a la elección de los platos de la carta, cuando vas con ocho amigos, la cena pasa a un segundo plano y realmente la compañía es lo importante. Además, la elección se complica cuando a la mitad de los comensales no les gusta la cocina japonesa. Y se vuelve muy complicada cuando, al pedir al camarero que nos sugiriera los platos, sobre la parte de la carta japonesa su pregunta fue: “¿pero os gusta el pescado crudo?”. A ver, la cocina japonesa no es sólo pescado crudo, pero te tiene que gustar bastante si quieres  comer este tipo de comida… Y la respuesta de mis amigos fue “no”, que no les gusta el pescado crudo. Así que mi ilusión de cena japonesa se fue un poco al traste. Pero como a ciertos amigos se les perdona todo, y estos son como mi familia, fueron ellos los que llevaron las riendas de las peticiones, con más o menos acierto como ahora os cuento.

En cuanto a los platos pedidos, podemos dividirlos, como he comentado antes, en dos bloques, por un lado los platos mejicanos y por otro los japoneses. También se pidió un plato de huevos rotos con jamón que, en este caso,  no comí y se lo dejé a la gente que le gustaba menos el resto de comida. Fueron todos platos al centro, para compartir, siendo finalmente una muy buena cantidad, tanto de comida como de variedad.

Nachos con queso y carne y Quesadillas

Así, por la parte mejicana, nos pusieron dos tipos de nachos, unos con guacamole, normalitos, nada del otro mundo, y otros nachos con queso y carne, un buen plato, abundante, con bastante queso, más que carne, pero también sin ningún punto destacable. Unas quesadillas de queso y pollo, bastante insulsas, poco sabor y algo pequeñas de tamaño, le faltaba potencia en los ingredientes y le sobraba aceite en la masa, que resultaba aceitosa en exceso. Pedimos también un ceviche de pulpo, y en este caso hubo unanimidad, todos dijeron que era una “vinagreta de pulpo”, mucho sabor a tomate, poco a pulpo y mucho vinagre y lima. Pobre para ser un ceviche. Por último, un alambre chilango, el mejor plato de toda la parte mejicana, y algo que no había probado nunca. Una buena combinación de tortita y carne, parecido a la quesadilla, pero de sabor  más intenso y definido. Muy recomendable.

Por otro lado, la parte japonesa, superó en calidad considerablemente a la parte mejicana. La única pega que, dado que se dijo al camarero que no gustaba el pescado crudo (luego os contaré como realmente no era así), los makis servidos no eran lo que entendemos como comida japonesa. A mí me parecieron más caramelos japoneses, por el especial dulzor de las elaboraciones y las salsas.

Makis, ebi mitch, gyozas y sashimi

Así, en primer lugar sirvieron lo que para mí fue el mejor plato de la noche, unos ebi mitch, unos pinchos de langostino, rebozados y fritos, acompañados de una salsa de teriyaki (aunque tampoco estoy muy seguro), perfectamente hechos y nada aceitosos. En segundo lugar trajeron unas gyozas, especie de empanadillas (dumpling) rellenos de carne y verduras, acompañados de salsa de soja. Sabor sutil y suave, algo insulsas pero que mejoran considerablemente con la salsa.

Tras esto nos trajeron los makis. Todos, como decía anteriormente, bastante dulzones, con nombres que poco recuerdan a la comida japonesa, como crispy roll, green ebi, kakiage y kampio.  Sinceramente, no recuerdo a qué correspondía cada uno, así que de memoria os puedo decir que varios eran fritos, con un rebozado crujiente, otro con langostino rebozado en su interior, uno envuelto con lechuga, otro con calabaza frita, unos rellenos de cangrejo, y todos acompañados de unas salsas dulzonas que hacía que los pudieran servir perfectamente como postres. En definitiva, entre los cuatro tipos de makis, ninguno con alga nori.

Debió ser por todo lo que me quejé y despotriqué, y para no aguantarme el resto de la noche, que mis amigos dijeron que pidiera algo de pescado crudo para no quedarme con las ganas. Esta vez el camarero preguntó para cuántos, y de repente éramos cinco para comer pescado crudo… ¡¡¡Y eso que al principio de la cena no le gustaba a nadie!!!  Aquí es donde me sugirieron que en estas opiniones debería poner nota a “la compañía”, pero como los quiero mucho, esta vez me abstengo de opinar sobre ellos 😉 Pero la próxima vez que vaya a un japonés, haré una selección previa de acompañantes… jajaja. Así que le pedí al camarero un plato de sashimi, que repartió entre salmón, muy bueno, y atún, algo flojo de sabor.

Postres variados

Por último los postres, al estar bastante llenos, pedimos una bandeja de postres variados a compartir. Estas cosas me dan mucho miedo, ya que lo habitual es una fuente de tartas, frutas y helados variados mezclados sin orden. Pero esta vez no.  Un enorme plato de pizarra con distintos dulces y helados (estos separados del resto con unos cuencos), muy bien presentado. Había coulant de chocolate, flan de café, tarta de manzana y tarta de queso. Todos de un nivel más que aceptable, demostrado en que nadie tenía hambre y no quedó nada en el plato.

El servicio fue correcto, pero se les veía muy desorganizados. Además de no tener un camarero asignado a cada mesa, lo que hacía que te preguntaran varias veces las mismas cosas, la imagen de un grupo de camareros discutiendo sobre si se habían equivocado al servir un plato en una mesa o en otra no queda demasiado bien. Faltaba coordinación, pero buena disposición, amabilidad y rapidez.

Todo lo acompañamos de dos jarras de cerveza, una botella de vino Laderas del Sequé (muy recomendable) y tres botellas de agua.  La cena salió por unos aceptables 28€ por persona. Considerando que cenamos una cantidad más que suficiente, además de probar muchos platos distintos (14 platos, más los postres), creo que es un buen precio.

Ambiente: 7

Servicio: 6

Cocina: 6

Postre: 8

Relación calidad-precio: 6

Nota media: 6,6

 

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Receta rápida: Pollo aromatizado y empanado

Dentro de esas recetas rápidas y sencillas que quiero ir contando, hoy os dejo una con pollo y fruta, muy indicada para hacer a los niños, ya que el pollo queda especialmente tierno y jugoso.

Receta pollo empanado con fruta

Ingredientes:

  • Pechuga de pollo entera sin piel
  • Leche
  • Una lima o limón
  • Sal
  • Aceite de oliva para freír
  • Para empanar: harina, huevos y pan rallado
  • Para la guarnición: fruta (en este caso, melocotón y pera)

Elaboración:

En primer lugar, debemos poner en un bol aproximadamente un cuarto de litro de leche por cada pechuga de pollo que vayamos a usar. La idea es introducir los trozos de pollo (troceado como queramos) en la leche durante, al menos, un par de horas, por lo que debe haber suficiente para que cubra todo el pollo. Esta leche la podemos aromatizar con lo que queramos. En este caso, le puse la piel de una lima. Para aromatizarla bien, lo ideal es infusionarla, es decir, calentar la leche e introducir la piel de la lima y dejarla tapada una media hora. De esta manera le daremos un ligero toque a cítrico muy agradable.

Pasado este tiempo, lo único que nos queda es empanarlo. Después de sacar el pollo de la leche y secar el exceso de líquido, le ponemos sal a los trozos y los pasamos primero por harina, luego por huevo y, por último, pan rallado. Freímos los trozos en abundante aceite de oliva, sin pasarnos en la fritura, y los sacamos a un plato con papel de cocina para que absorba el exceso de aceite.

Como guarnición, en este caso, corté un melocotón y un par de peras en gajos y los puse en una sartén sin nada de aceite. Una vez estaban dorados los trozos, espolvoreé un poco de azúcar moreno por encima, para que caramelizase y quedara una especie de salsa (esta parte del azúcar se puede omitir, pero ese caramelo es un vicio… 😉 )

 
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Publicado por en 11 de agosto de 2013 en Carne, Gastronomía, Recetas, Recetas rápidas

 

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Restaurante: Pizzería Cocoa en Gran Alacant (Santa Pola)

Hoy os quería hablar de mi experiencia en la Pizzería Cocoa, en la zona de Gran Alacant, entre Arenales del Sol y Santa Pola. Bastante escondida, al final de una de las calles que pasan por las innumerables urbanizaciones con las que han sembrado la montaña donde se ubica el faro de Santa Pola.

Situado en los bajos de una urbanización de vecinos, la primera impresión no es del todo buena, ya que la terraza se sitúa junto a los portales de acceso del edificio, en una zona visualmente muy poco interesante. Lo que sí es interesante es el interior del local. Una decoración curiosa, con grandes lienzos de pinturas (quizá demasiado recargado) y muchos papeles pintados, lo que tiene su explicación. A las mesas de la terraza, de plástico como las sillas, les ponen un mantel de papel e invitan a los clientes a pintar, dibujar y escribir lo que se les ocurra. Incluso a mi hija le sacaron una cajita con pinturas y a la mesa de al lado le cambiaron el papel cuando lo tenían totalmente escrito. Estos dibujos, los recortan posteriormente y los cuelgan en las paredes del interior del local. Desde luego, hay que diferenciarse de la competencia, y esto es la primera vez que lo veo en un restaurante. Curioso y divertido.

Respecto a la carta, es la normal para una pizzería, así que nos dispusimos a pedir un par de platos de aperitivo y unas pizzas. El primer aperitivo fue una provoleta, servida en un pequeño cuenco de barro. Para mi gusto le faltaban especias como condimento, o alguna verdura de acompañamiento, pero era un plato correcto, tanto de sabor como de tamaño. El segundo aperitivo, que trajeron junto al primero, fue pan de ajo. Aquí me gustaría hacer una reflexión: un trozo de pan tostado con mantequilla y ajo, no creo que se le pueda llamar pan de ajo. O le pones el ajo a la masa o lo que le añades a un pan normal tras hacerlo no lo puedes llamar “de” sino “con”, es decir, es “pan con ajo”, no “pan de ajo”. Si a un pan de semillas, le añades las semillas después de hornearlo, es un “pan con semillas” no un “pan de semillas”.

Pizzeria Cocoa

En relación a las pizzas, voy a comentar primero los ingredientes de cada una y luego haré la valoración general, ya que es común a las tres que pedimos. En primer lugar, una pizza Gran Alacant, que llevaba además del queso y el tomate, jamón de york y salsa boloñesa. La pizza barbacoa, junto con el tomate, queso y salsa barbacoa, añadían bacon, maíz y setas. Y por último, la pizza padrino incluía, además del tomate y el queso, pepperoni, champiñones y salsa boloñesa.

Hasta aquí la definición, ahora la valoración de las pizzas. En general eran unas pizzas bastante aceptables, pero con detalles. La masa era muy buena, fina y crujiente. El problema viene cuando pones tal cantidad de ingredientes encima que queda una pizza demasiado gruesa y pesada. Pero esto va por gustos. Soy más partidario de, si tienes una buena masa, como es el caso, usar buenos ingredientes encima para no tener que poner demasiados. Un dedo de queso y tomate, con pegotes de salsa boloñesa y montones de jamón de york o champiñones de bote, no hacen que la pizza sea mejor por poner más, sino que hacen una digestión muy pesada y una pizza demasiado basta… Una buena carne en la boloñesa, con buen sabor y unos champiñones frescos, así como una salsa de tomate casera o un queso mozzarella de buena calidad, aumentarían la calidad de la pizza. Pero como decía antes, esto va por gustos, y puedo entender que gusten las pizzas gordas y consistentes.

En cuanto al postre, la verdad es que muy poca variedad, así que pedimos un tiramisú a compartir. Gran porción, pero de una calidad bastante baja. Demasiado “mantecoso” y con poca definición de cada sabor. Además, el recurrido adorno de nata montada al lado y los más socorridos chorretes de chocolate por encima.

En definitiva, una cena de tres adultos y una niña por 48€, incluyendo dos pintas de cerveza Heineken y agua. Un precio aceptable. Por último, valorar positivamente el servicio, atento y rápido, con el detalle de las pinturas para mi hija, con la que la tienes entretenida y sin casi molestar toda la cena… 😉

Ambiente: 3

Servicio: 7

Comida: 6

Postre: 3

Relación calidad-precio: 6

Nota media: 5

PD: En el ambiente sólo valoro la terraza, ya que es donde comí. Indudablemente, si hubiera comido dentro, la nota para “Ambiente” hubiera sido algo superior.

 
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Publicado por en 8 de agosto de 2013 en Gastronomía, Italiana, Restaurantes

 

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Receta: Coca de cebolla, pimiento y tomate

Esta receta de hoy es una de esas que pasan de abuelas a hijas y después a nietos. En este caso, soy ese último eslabón de la cadena y hace unos días, entre mi madre y yo, hicimos esta coca. Además, en mi casa esta receta es casi exclusivamente veraniega, ya que mi abuela sólo la hacía en verano. También veréis que es una receta muy básica y sencilla, que admite muchas variaciones y muchos ingredientes que complementen con los principales (como algún tipo de salazón).

La medida básica que se usa para la masa es un vaso pequeño, que aproximadamente tiene 125ml, que nos dará suficiente base para cubrir una placa de horno normal. El resto de ingredientes son acordes a ese tamaño, variando según el tamaño de los tomates, cebollas y pimientos. Pero si cortas verdura de más, puedes hacer un sofrito muy interesante para usar en otras elaboraciones.

Foto coca cebolla, pimiento y tomate

Ingredientes:

Para la masa, sobre la medida del vaso:

  • Un vaso de aceite de oliva
  • Un vaso de cerveza
  • Medio sobre de levadura en polvo
  • Un pellizco de sal
  • Una cucharada de postre de vinagre de vino
  • Harina de trigo (la que admita)

Resto de ingredientes:

  • 3 cebollas medianas
  • 2 pimientos medianos (rojo o verde, al gusto)
  • 4 tomates medianos
  • Aceite de oliva
  • Sal

Elaboración:

Tenemos dos elaboraciones básicas, por un lado la masa y por otro lado la verdura, que necesitará un par de horas de reposo antes de colocarla en la coca y meterla en el horno.

Para la masa nos hace falta un bol grande, para mezclar todos los ingredientes excepto la  harina. Cuando tengamos todos los ingredientes mezclados, vamos añadiendo la harina y amasando con las manos. Tenemos que añadir tanta harina como sea necesaria hasta que la masa no se nos pegue en los dedos (aproximadamente nos hará falta poco más de un cuarto de kilo para las medidas anteriores). Una vez tenga consistencia, la pasamos a una superficie lisa y enharinada para ir amasándola más cómodamente. Una vez la tengamos  hecha, hacemos una bola, la envolvemos en papel film y la reservamos.

Previamente a la elaboración de la masa, podemos cortar la verdura. La cebolla en juliana, no demasiado fina. La tenemos que poner en un escurridor, poner tres buenos puñados de sal y apretarla bien, “para que no pique”, como decía mi abuela. Una vez bien estrujada, la lavamos debajo del grifo para quitarle la sal y la dejamos escurrir durante un par de horas.

Por otro lado, el pimiento, de igual manera, lo cortamos en juliana del mismo tamaño que la cebolla. Lo ponemos en otro escurridor con un par de pellizcos de sal (la misma cantidad que si fuéramos a cocinarlo) y lo dejamos también un par de horas para que suelte el exceso de agua.

Por último, el tomate lo cortamos por la mitad, retiramos las pepitas y lo cortamos en dados. Igualmente, en otro escurridor, con un par de pellizcos de sal, lo dejamos escurrir un par de horas para que suelte también el exceso de agua. Las pepitas las podemos poner en un colador fino y, mediante decantación y presionándolas un poco al final, tendremos un estupendo zumo de tomate para tomar de aperitivo.

Así, tras estas elaboraciones, tendremos lo necesario para hacer la coca. Por un lado, untamos una placa de horno con aceite y extendemos la masa con las manos, presionándola para que quede lo más fina posible, pero sin excedernos para que no se rompa una vez horneada. Se debe quedar de dos-tres milímetros de grosor. Una vez extendida, la pinchamos bien con un tenedor, y la metemos en la parte alta del horno, que tendremos precalentado a 180ºC, durante 10 minutos.

Pasado este tiempo, la sacamos y ponemos la verdura. En primer lugar una capa de cebolla que cubre casi totalmente la masa. Encima de esta, una capa de pimiento y, encima, otra de tomate. Una vez hechas las tres capas, rociamos con un poco de aceite y le añadimos un poco de sal (con cuidado, ya que los ingredientes anteriores ya tenían algo de sal).

La metemos en el horno a 180ºC durante 50-60 minutos en la parte baja del horno. Una vez lleve media  hora, le damos un vistazo y si la masa está casi hecha, la subimos para que se vayan cocinando las verduras más rápidamente. A última hora, podemos subirla a la parte alta para darle un golpe más fuerte y “socarrar” un poquito las verduras.

Y tenemos la coca hecha. Como veréis, es sencilla, siendo el mayor trabajo la preparación de la masa y cortar las verduras. Además, tomando esa masa como base, se pueden hacer, como hacía mi abuela, distintas cocas, como la salada de sardina (sólo con la sardina) y una cerrada de guisantes. Pero eso, con otras variaciones que se me vayan ocurriendo, os lo contaré en otro artículo.

 
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Publicado por en 5 de agosto de 2013 en Aperitivos, Española, Gastronomía, Recetas, Verdura

 

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Mis curiosidades gastronómicas

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