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Archivos Mensuales: enero 2013

Caldereta de rape

Hoy os quería explicar una receta de las que te hacen quedar muy bien y es muy sencilla. Plato muy típico de cualquier zona costera de España, y que en cada sitio la hacen con el pescado que tengan más a mano y, cada uno, dándole unos matices distintos. En mi caso, aunque ya había hecho algo de este tipo alguna vez, he seguido la receta que cocinamos la semana pasada en el Curso de Cocina que estoy haciendo con Huerto Gourmet. Así que me fui a Mercadona y compré un rape entero, de los que tienen muy bien de precio, y que sin ser de una gran calidad, es bastante aceptable (no se puede pedir demasiado por un rape que está a 8€ el kilo, pero no está la cosa como para tirar cohetes…).

Caldereta de rape

Ingredientes para 2-3 personas:

  •  Un rape pequeño.
  • 2 patatas medianas
  • 20-25 Almendras tostadas
  • Un ajo
  • Perejil
  • Harina
  • Aceite de oliva y sal

Cuando compremos el rape, debemos decir que nos lo limpien y separen la cabeza, que nos hará falta para hacer un caldo con ella, y el resto nos lo corten en rodajas (también podemos ponerlo limpio de la espina central, pero el rape es un pescado cómodo de comer).

Un trabajo que podemos tener hecho previamente es el caldo. Si tenemos algún otro tipo de resto de pescado en casa podemos añadirlo para hacerlo, o bien comprar un puñado de morralla para complementar la cabeza de rape. La forma más sencilla de hacer este caldo es coger la cabeza de rape (y la poca morralla que tengamos) y la ponemos en una olla con agua para hacer el caldo de pescado que nos servirá para regar la cazuela. Cuando empiece a hervir, la dejamos con el fuego muy suave 5 minutos. Si tenemos salmorreta hecha(mezcla de ñora, ajo, perejil y aceite), se la añadimos en este momento. Yo no tenía, y salí del paso añadiéndole una ñora al caldo y, cuando hirvió, la saqué, la trituré, y se la volví a añadir (“chapucilla” para darle un toque de ñora al caldo). Tras esto tapamos la olla y la dejamos reposar. Todo esto, si no te quieres complicar o tienes más prisa, lo puedes hacer con un buen caldo de pescado de los que venden hechos, que empiezan a haber mucha variedad y algunos bastante buenos.

Para hacer la caldereta necesitamos una cazuela amplia y baja. Si tienes cazuela de barro mejor. Yo la hice en una cazuela de hierro fundido ya que tengo cocina de inducción en casa y el barro no es posible (que alguien invente la cazuela de barro para inducción, por favor…).

En primer lugar, cortamos las patatas en rodajas de un centímetro de grosor más o menos. Las pasamos por harina, “aplaudiéndolas” bien para quitarles el exceso de harina. En la cazuela ponemos aceite de oliva, lo calentamos bien, y freímos un poco las patatas, hasta que empiecen a dorarse. No las queremos sumergidas en aceite, así que no es necesario mucho aceite. Simplemente queremos darles un toque por ambas caras. Una vez doradas, las sacamos y las reservamos.

Con el pescado hacemos lo mismo. Pasamos cada trozo por harina, quitándole el exceso, y lo freímos en el mismo aceite de las patatas, hasta que empiece a coger un color dorado (tampoco lo queremos hecho, ya que se terminará de hacer con el caldo). Lo sacamos y lo reservamos.

Veréis que de estas frituras, nos ha quedado poco aceite (es lo que interesa, que no quede prácticamente) y restos “agarrados” al fondo. Lo que haremos es añadirle un vasito pequeño de vino blanco o, como fue mi caso, de cava (tenía una botellita pequeña por casa que no sabía qué hacer con ella). Reducimos un poco, moviendo la cazuela, para que evapore el alcohol.

Por otro lado, en un mortero, hacemos un majado con las almendras, un ajo y perejil. Lo machacamos todo bien hasta que quede una pasta.

Y queda ya el final. Colocamos las patatas en el fondo de la cazuela, bien repartidas, y las cubrimos con el caldo. Van a estar hirviendo, muy suave, durante 15 minutos. Cuando lleven 10 minutos, añadimos el majado de almendra, removiendo bien para que se disuelva. Esto lo que va a hacer es que el caldo engorde, sin tenerle que añadirle nada más. Para trabar el caldo también nos ayuda el haber frito las patatas y el pescado con la harina.

Cuando hayan pasado esos 15 minutos, comprobamos que las patatas estén prácticamente hechas pinchándolas con un cuchillo. En ese momento, añadimos el pescado, y lo dejamos 5 minutos más. Vamos moviendo la cazuela con movimientos circulares, sin “meterle mano”, para no romper demasiado las patatas.

Para acabar la cazuela y darle un toque de color (que yo no hice), podemos espolvorear con perejil picado o con jamón serrano picado (esta última opción le da un toque diferente).

Y terminada la receta… Un buen pan para mojar y a disfrutar.

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Publicado por en 30 de enero de 2013 en Española, Gastronomía, Pescado, Pescados, Recetas

 

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Restaurante: Chapeau en Alicante

El pasado sábado al mediodía nos fuimos a comer al Restaurante Chapeau. En el centro de Alicante, en la calle General O’Donell 17, este local lleva de moda muchos años. Voy a contaros mi experiencia que, como veréis, no fue del todo positiva.

Al local se accede bajando unas escaleras, lo que te hace tener, nada más entrar, una perspectiva del restaurante. La barra en la parte de la izquierda, muchas mesas dominando todo el local y dos salones pequeños a la derecha, separados uno del otro. En uno de ellos nos pusieron, bien apretados con la mesa de detrás (la pareja que se sentó detrás mía tenía el espacio justo entre las dos paredes y mi espalda para poder comer). Se notaba que tenían mucha gente y quisieron meter a todos los que cupiéramos (sobre todo al ver que nuestra mesa era plegable, de las que quedan como una maleta, ya que me tocó el asa delante…)

La comida consistió en distintos platos a compartir. En primer lugar, pedimos unos de los platos típicos del sitio, el festival de ensaladillas. Aunque realmente el “festival” eran dos tipos de ensaladillas, la típica y tradicional de patata, y una de lechuga (una ensalada de lechuga en juliana, con más ingredientes, a la que se le añade mayonesa, y no sé por qué  a eso se le llama “ensaladilla”). Junto a estas dos “ensaladillas”, completaban el plato una escalibada y otra ensalada variada, pasada de vinagre. La verdad, se le podría poner más imaginación para llamar al plato “festival de ensaladillas”.

Queso fresco con mermelada de pétalos

En segundo lugar pedimos queso fresco a la plancha con mermelada de pétalos. El plato que más nos sorprendió por la mermelada. Por fin un sitio donde no ponen con el queso la típica mermelada de tomate, arándanos o similar. Una mermelada de pétalos bastante buena, algo escasa, pero que le daba un buen toque al queso. Acompañado de un pan tostado bastante bueno. El mejor plato de toda la comida. 

 

Fritura variada

Junto con esto nos trajeron una selección de frituras. Aquí me gustaría hacer una reflexión: ¿por qué siempre que se pide un plato de este tipo sabes antes de tiempo lo que te van a poner? Se echa de menos un poco de imaginación y calidad en las frituras. Esta consistía en calamares a la romana (ni uno escaso por cabeza, cuatro calamares para cinco personas), croquetas de bacalao (muy secas), merluza rebozada (bien hecha, aceptable, pero otra vez cuatro trozos para cinco), dátiles con bacon (bastante pasaditos) y gambas en gabardina (sin comentarios). Todo congelado (salvo la merluza, o por lo menos no se notaba) y con muy poquita calidad. Muy original no puede decirse que sea. Sin destacar nada. Eso sí, mayonesa de sobra…

 Por último, pedimos el revuelto Chapeau, que como indicaba en la carta llevaba “un poquito de todo”. Un buen revuelto de verduras (calabacín, espárragos, berenjenas) con unas gambitas (creo que 3…). Bastante bueno.

Tras esto los postres, sin sorpresas tampoco y siguiendo en la misma línea de vulgaridad. Manzana asada (correcta), tiramisú (empalagoso hasta decir basta),  arroz con leche (normalito), natillas (demasiado cuajadas). Y el mío, un coulant de chocolate, de sabor bueno, pero bien calentado en el microondas, lo que hizo que el interior, que debía estar líquido, se fundiera en el bizcocho, que estaba ardiendo, lo que dejaba una especie de magdalena de chocolate caliente.

Todo esto acompañado de agua, varias cervezas y una botella de vino de la casa (Añares Crianza 2009) bien cobrado a 15€… Todo lo comentado, junto con una hamburguesa con patatas para mi hija, salió por 122€, es decir, 23€ por cabeza restando la hamburguesa.

En cuanto al servicio fue correcto, aunque lento en algunos momentos, pero entendible por la cantidad de gente que había. Lo que no es normal es que un camarero pase una y otra vez por al lado de la mesa y, queriéndole pedir algo, no pare ninguna vez. No hay nada peor que llamar repetidamente a un camarero y que nunca te haga caso.

En resumen, un local que se ha ganado la fama en Alicante, pero que a mí me tendrá que ganar en futuras ocasiones. Creo que debe ponerle un poco más de imaginación y calidad a ciertos platos para no convertirse en un bar de tapas vulgar. Está en un sitio inmejorable y tiene una clientela fiel y abundante, pero puede morir de éxito si no va renovando la oferta.

Ambiente: 6

Servicio: 6

Cocina: 6

Postres: 5

Relación Calidad-Precio: 6

Nota media: 5,8

 
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Publicado por en 28 de enero de 2013 en Alicante, Gastronomía, Restaurantes

 

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Restaurante: Ganache

Fotos de @ganache_elcheEl pasado fin de semana estuve cenando en el nuevo Restaurante Ganache, en la Plaza de la Constitución 4 de Elche, en el local del antiguo “Nuestra Barra” (que no entiendo por qué ha cerrado, siendo un buen sitio como era). Tenía ganas de ir a este restaurante, ya que está asesorado por Rodrigo De la Calle, un cocinero afincado en el restaurante con su nombre en Aranjuez, al que llevo tiempo siguiendo y me encanta todo lo que está haciendo con Santiago Orts bajo la marca “Gastrobotánica” (en Twitter: @Gastrobotanica y en Facebook: Gastrobotanica Power).

Con estas ganas e interés, nos fuimos a cenar un viernes por la noche. En primer lugar, el local está muy bien decorado, con una barra a la entrada, con mesas altas y bajas que da un ambiente más informal, y el restaurante al fondo. Nosotros nos quedamos en las mesas de la entrada. Alguna pizarra decorada con frases (como la de la foto) en la que se definen alguna de las líneas del restaurante y otra pizarra que me llamó la atención, de la que destaco la frase en inglés que contenía, en la que se indicaba que los líderes no buscan seguidores, sino crear nuevos líderes. Supongo que una declaración de intenciones de Rodrigo De la Calle.

Una vez en la mesa, empezamos a ver la carta, no muy extensa pero con mucha variedad, lo que se agradece. Además varios platos fuera de la carta que nos comentó la camarera (navajas y gambas, entre otras cosas). Finalmente sólo pedimos de carta, ya que lo teníamos bastante claro.

Como platos a compartir pedimos tres medias raciones. En primer lugar un plato de jamón Joselito. Como no podría ser de otra manera, espectacular.  En segundo lugar, unos dados de queso frito. Este plato, en principio sencillo, en pocos sitios lo hacen bien. En este caso en su punto, nada aceitoso, y el queso cremoso en el interior.  Y por último el mejor plato de los tres, una brandada de bacalao con mermelada de tomate. Servido en una copa y con unos crujientes, tipo el pan de gambas de los chinos, que hacía muy bien su papel como acompañamiento (y como soporte ya que la copa venía con una cucharita para servirte). Un gran plato con un sabor muy bueno. Mención especial dentro de estos aperitivos quiero hacer al servicio de pan. Un pan de cristal, que tan de moda se ha puesto, pero que en pocos sitios lo hacen bien. En este caso, estaba espectacular. Crujiente, con mucho “aire”. Y el detalle de sacar una botella de un buen aceite. Sabes qué aceite te tomas, aunque es más difícil dosificarlo.Jamón y brandada de bacalao

Como plato “fuerte” queríamos pedir una carne trinchada al centro para compartir. La camarera nos recomendó un plato de solomillo de “vaca vieja”, que nos serviría la mitad a cada uno, para que fuera más cómodo de comer y pudiéramos pedir cada uno el punto de cocción que quisiéramos. Así nos presentó el plato, con un trozo de solomillo, algo escaso pero muy bueno. Iba acompañado de una crema de setas y un puré de patatas. Combinación sencilla pero muy buena.

Por último pedimos un postre a compartir. Y aquí es donde me ganaron. Fuera de carta nos ofrecieron torrija, y es lo que elegimos. Espectacular. Melosa hasta decir basta. Con un sabor impresionante. Acompañada de una quenelle de chocolate blanco y un polvo de galleta (y una crema que no recuerdo, estaba cegado por la torrija, lo siento) 🙂Torrija

Todo acompañado de agua, cerveza y dos copas de vino de Laderas El Sequé 2011. Al final, una cuenta para dos de 60€. Un precio correcto (30€ por persona) para la calidad y cantidad que comimos.

En resumen, un gran sitio, donde comer cosas de mucha calidad a un buen precio. Como dicen en su web, y estoy totalmente de acuerdo, “cuidan con esmero la elaboración y presentación de los platos, para que resalten al máximo las cualidades de sus ingredientes”. Restaurante muy recomendable.

Ambiente: 8

Servicio: 8

Cocina: 9

Postres: 9

Relación Calidad-Precio: 8

Nota media: 8,4

 
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Publicado por en 24 de enero de 2013 en Alimentos, Cocineros, Elche, Gastronomía, Restaurantes

 

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Qué son los sulfitos y cómo nos afectan

Si coges una botella de vino y lees su letra pequeña, en la mayoría verás la leyenda “Contiene sulfitos”. Voy a intentar explicar qué son los sulfitos y por qué se añaden en el vino. Muchas veces el desconocimiento genera inquietud, así que la idea es acabar con eso.

Los sulfitos son un derivado del azufre usado como conservante, anti fúngico, antimicrobiano y antioxidante. Lo podemos encontrar en numerosos productos alimentarios y farmacéuticos, como por ejemplo, y lo que nos ocupa hoy, los vinos. Se pueden identificar en las etiquetas de los ingredientes dentro de los antioxidantes y conservantes del grupo E22x (del E220 al E228). Sobre todo nos lo podemos encontrar en jugos de fruta, galletas y patatas saladas, fruta seca, nueces y embutidos, entre otros.

Por entrar un poco en el detalle, el E220, anhídrido sulfuroso, el usado en el  vino, es el que tiene más historia, pero el que está más controlado su uso. Se usaba en Roma para desinfección de bodegas. Uno de los usos del azufre era el desinfectado de las barricas. Se quemaba una mecha o pajuela de azufre colgada de un alambre en el interior de las barricas para su desinfección y conservación. Desde hace unos años la UE ha prohibido esta práctica por poner en peligro la salud de las personas (produce un gas irritante y tóxico) y por protección medioambiental (genera un gas contaminante). En Grecia se espolvoreaba azufre sobre la ropa de los enfermos (sábanas, camisas, etc.) tras lavarla, y se exponía al sol, ya que se sabía que el calor producía con el azufre anhídrido sulfuroso, que es un gran desinfectante. En el siglo XV se prohíbe en Alemania por sus efectos perjudiciales, aunque desde el siglo XVII se tiene constancia de su uso en la conservación de la sidra. Los sulfitos en general, son usados en EEUU, aunque cada vez menos, en la conservación de vegetales, ya que, por sus propiedades antioxidantes, previene el pardeamiento de las hojas verdes. También es usado como antioxidante en conservas de crustáceos o vegetales, apareciendo en latas de crustáceos o aceitunas de mesa, por ejemplo.

Y como curiosidad indicar que los sulfitos destruyen la vitamina B1 (de ahí que no se incluyan en los alimentos que contienen grandes dosis de esta vitamina, como la carne), pero favorece, protegiendo, a la vitamina C.

Por especificar cómo actúa en el vino, tiene infinidad de objetivos, todos basados en su actividad fungicida/antimicrobiana y antioxidante.  Respecto al primer aspecto, evita la fermentación de las levaduras de la viña, evitando fermentaciones espontáneas. Evita que se avinagre el vino, bloqueando a las responsables, las bacterias acéticas y lácticas.

Contiene sulfitos foto de patagonica.mx

Pero, ¿por qué debe aparecer la indicación “Contiene sulfitos”?. Simplemente es un aviso sanitario, ya que para los asmáticos puede empeorar sus crisis, de ahí que sea obligatoria su indicación en los envases. No es que los sulfitos provoquen una reacción alérgica, sino que se produce una inflamación por la mala tolerancia a los compuestos de los sulfitos. Por otro lado,  la frase debería ser más específica, debería poner que “no añaden” sulfitos, como indican algunos vinos (“Sin sulfitos añadidos”), ya que se encuentran en el vino de forma natural, pero a bajos niveles. Es más, cualquier tipo de fermentación con levaduras, como la cerveza o el pan, produce sulfitos, pero en menor cantidad. En el vino se añaden para mejorar su conservación. Y deben añadirse con cuidado, ya que un exceso conlleva una pérdida de color y alteración de su olor y sabor (por eso hay que confiar en que no añadirán más cantidad de la necesaria). Además, con los avances en investigación, cada vez se añaden menos sulfitos al vino (como, por ejemplo, en los vinos orgánicos), controlando los taninos, que son un conservante natural.

La norma, Directiva Comunitaria que indica qué tipos de vino se pueden comercializar en la UE, indica que debe incluirse el aviso cuando la concentración de sulfitos sobrepase los 10mg/litro, ya que deben indicarse cualquier ingrediente que produzca reacciones alérgicas (aunque ya he indicado que no es una reacción alérgica propiamente dicha). Lo que debería especificarse es la cantidad de sulfitos, ya que ahora se deja abierto ese número (indica que tiene más de 10, pero no cuántos). Lo que podemos tener es una norma general: cuánto más dulce, más sulfitos. Es decir, tienen más sulfitos los vinos blancos y rosados (unos 210mg/litro) que los tintos (160mg/litro).

Mucha gente afirma que el vino les da dolor de cabeza y que la culpa es de los sulfitos. No hay ningún estudio que demuestre que los sulfitos sean responsables de esto, pero sí es cierto que está muy extendida la creencia de que los vinos dulces provocan un dolor de cabeza más pronunciado. La duda que me surge es si el dolor lo provocan los sulfitos o el exceso de alcohol…

 
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Publicado por en 22 de enero de 2013 en Bebidas, Curiosidades, Gastronomía, Impactante, Problemas, Vinos

 

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Símbolos y alimentos: cómo interpretarlos.

Si te has parado a mirar la parte de detrás de los envases que compramos normalmente, y puede ser más inquietante en productos de alimentación, verás que hay una infinidad de símbolos. Es parecido a lo que pasa con la ropa a la hora de lavarla, sinceramente, soy incapaz de distinguir todos los símbolos que indica la prenda. Así, que la idea del artículo de hoy es hacer un resumen de los símbolos más usados en productos de alimentación.

Punto verde

En primer lugar, y el más común, es el “Punto verde”. Fue creado en 1991 por la empresa privada alemana sin ánimo de lucro “Duales System Deutschland AG”. En 1994 fue adoptado por la Unión Europea como símbolo ligado a la Directiva Europea de Envases y Residuos de Envases. En EEUU también se usa, pero allí lo han evolucionado, indicando no sólo el compromiso al reciclaje, sino que se compromete usar el menor material posible para el envasado y que ese material sea más fácil de reciclar.

Si el envase tiene este símbolo significa que la empresa cumple con la Ley de Residuos, lo que quiere decir que su reciclaje se realiza a través de Ecoembes mediante un Sistema Integrado de Gestión de Residuos de envases (SIG). Esta empresa gestiona los residuos generando un círculo, que puede comenzar en casa, haciendo una recogida selectiva de cada residuo (los contenedores azules y amarillos); estos residuos pasan a ser separados y clasificados y, tras esto, a las empresas recicladoras que lo transforman en nuevas materias primas, llegando al productor y a la empresa que comercializa el producto de su interior. Cerrando el círculo cuando lo compramos en la tienda. Esta marca la encontraremos en envases de plástico, metálicos, los tipo brick, los de papel o cartón y los de vídrio. Aunque estos últimos se gestionan a través de Ecovidrio.

El segundo símbolo que nos encontramos en temas de reciclaje es el “Círculo o anillo de Möbius”, creado en 1970 por un estudiante americano, Gary Anderson, que ganó un concurso de diseño organizado por la Container Corporation of America en el Día de la Tierra (se basó en la banda de Möbius, modelo matemático creado por Ferdinand Möbius). Se ha implantado como símbolo más internacional de reciclaje. Se compone de tres flechas verdes girando y formando un círculo. Cada una de las flechas representaría tanto los tres estados (líquido, sólido y gaseoso), como las tres fases del reciclaje: recogida, conversión en un nuevo producto y embalaje.

Anillo Mobius

Nos lo podemos encontrar de dos formas:

  • Sólo el círculo de flechas, lo que significaría que el envase es recicable.
  • Con un círculo alrededor de las flechas, lo que querría decir que parte del envase o producto está hecho con materiales reciclables. Incluso puede especificar qué cantidad de material reciclado contiene, mediante un porcentaje en el interior del círculo.

Tidyman

En tercer lugar tenemos unos simbolitos más educativos y “acusadores” que otra cosa. Son los llamados “Tidyman”. En este caso hay dos principales: un muñequito tirando un papel a una papelera; y otro muñequito tirando una botella a un contenedor de vídrio. Este último lo completan con un Anillo de Möbius” alrededor, indicando que se recicla. Son símbolos que llaman a la responsabilidad que tenemos cada uno de tirar estos envases en su sitio correspondiente.

El tercer tipo de símbolo que nos podemos encontrar, siempre que el envase sea de plástico, es el que representa el tipo de plástico usado. Está compuesto de tres flechas (como el Anillo de Möbius pero más estrechas y negras), un número en su interior y unas letras debajo que identifican el tipo de plástico. Podemos encontrar variantes en las flechas, sólo con número o sólo con letras. Incluso con una R delante, que indica que el producto ya contiene materiales reciclados.  Así, los que nos podemos encontrar son:

Tipos de plasticos

  • PET o PETE (Polietileno tereftalato). Nos lo encontramos en botellas de aguas y refrescos o en envases de detergentes o productos de limpieza.
  • HDPE (Polietileno de alta densidad). Es usado para garrafas de agua y leche, envases de detergentes para ropa y botellas de champú.
  • V o PVC (Vinílicos o Cloruro de Polivinilo). Es uno de los plásticos film que se usa para envolver alimentos y usado en empaquetados. Muy complicado de reciclar.
  • LPDE (Polietileno de baja densidad). Con él se fabrican bolsas de plástico para congelados, envolturas de plástico y ciertas botellas.
  • PP (Polipropileno). Para hacer recipientes para sopas, yogures y mantequilla, así como algunos biberones.
  • PS (Poliestireno). Este plástico se usa, por ejemplo, para cubiertos desechables o cajas de huevos.
  • Otros. Aquí hay innumerables aplicaciones, ya que se encuadran en este grupo mezclas de diferentes resinas.

Copa y tenedor

En relación con estos plásticos u otros materiales, nos podemos encontrar un símbolo de una copa y un tenedor juntos. Esto significa que el material es apto para su uso en contacto directo con los alimentos. Si no lo vemos, quizá el material usado no tenga todas las garantías o no esté permitido para su uso alimentario. También es cierto que se permite cierta flexibilidad, así el Reglamento de la UE indica que se pondrá indicar ciertas anotaciones como “para contacto con alimentos”, o una indicación específica sobre su uso, como máquina de café, botella de vino, cuchara sopera, etc. Y, en caso necesario, de las instrucciones especiales que deban seguirse para un uso adecuado y seguro.

Agricultura ecologica

Por otro lado, en relación al producto que contiene el envase, nos podemos encontrar la etiqueta europea de “producción ecológica”. Esta etiqueta significa que tiene las garantías de la UE y que el origen y calidad cumple con los requisitos. De nuevo en este caso se buscó el logotipo a través de un concurso público para estudiantes de arte y diseño de la UE. En este caso ganó un estudiante de diseño alemán llamado Dusan Milenkovic, con el logtipo “euro-hoja”. Este símbolo sustituye desde finales de 2010 al antiguo (la espiga dentro del círculo azul). Aunque todavía nos podemos encontrar productos con este símbolo, se está sustituyendo ya por el nuevo.

Apto celiacos

En determinados casos nos podemos encontrar productos con los símbolos de FACE (Federación de Asociaciones de Celíacos de España) o de AOECS (Asociación de Celíacos Europeos), que nos garantizan que son alimentos aptos para celíacos, es decir, libres de gluten, que sustituyen a los elaborados con trigo, cebada, centeno o avena.

También nos podemos encontrar una etiqueta que indica que el producto cumple con la Norma de Certificación ISO9000. Esto nos garantiza que el alimento sigue un sistema estandarizado de fabricación, lo que no tiene nada que ver con la calidad del producto.

Otro símbolo que nos podemos encontrar en ciertos productos es una “e” minúscula, junto al peso de algún alimento. Esta letra nos la encontraremos en productos preenvasados, es decir, que no han sido envasados delante del cliente y que sólo podemos modificar su cantidad abriendo el paquete. Nos garantiza que el envase preparado cumple las directrices de la UE en cuanto a calidad y control de la medida que indica. De ahí que vaya junto a la cantidad o volumen del envase.

Además de estos, podemos encontrarnos otros tipos de símbolos interesantes muchas personas. Por ejemplo, podemos encontrarnos una “V” blanca sobre un fondo circular verde, con la leyenda “Suitable for vegetarians”. Como indica, es un producto apto para vegetarianos, donde no se incluye nada de origen animal. Otro de estos símbolos lleva la leyenda “HFA Approved”, lo que indica que cumplo las premisas halal que siguen los musulmanes. O una “U” dentro de un círculo (o una “K”) que nos indica que sigue los preceptos kosher de los judíos.

En definitiva, infinidad de símbolos que nos encontramos en cualquier paquete que tengamos en la cocina de casa y que nunca está de más que conozcamos.

 
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Publicado por en 20 de enero de 2013 en Alimentos, Curiosidades, Gastronomía

 

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Restaurante: Barra Sabors

El otro día estuve comiendo en uno de los restaurantes que están más de moda en Elche desde hace algún tiempo, Barra Sabors, en la calle Nuestra Señora del Carmen 14, calle peatonal junto al Ayuntamiento, en pleno centro de la ciudad. Local que pertenece al mismo grupo hostelero que el restaurante la Magrana, referente ilicitano en celebraciones. La Barra Sabors es uno de mis restaurantes habituales, ya que me pilla a menos de cinco minutos de casa.

Foto Barra Sabors de Elchedigital.es

Es una barra con restaurante visualmente impecable. Nada más entrar, pasas por delante de la barra, en la que puedes sentarte a comer, donde tienen expuesto una gran cantidad de pinchos de todo tipo, que no incluyen en la carta, pero que puedes pedir y que te los sirvan en mesa. Perfectamente presentados, con una cantidad y variedad impresionantes, te gana por la vista. Es un local que engaña desde fuera, ya que aparenta ser estrecho, pero se abre en una segunda altura al fondo con mesas altas y barra en la pared y, sobre todo, un sótano donde tiene espacio para 6-7 mesas más. Además, dado el éxito que están teniendo, han habilitado un par de locales justo al otro lado de la calle, frente al local principal, donde han ampliado considerablemente su aforo.

Respecto a la comida, tengo disparidad de opiniones, teniendo platos buenos frente a otros que, por dejadez, dejan bastante que desear respecto a lo que deberían ser. Para ejemplificar todo esto, os voy a comentar lo que cenamos el último día que estuve.

En esta cena, por ponernos en situación, éramos 6 adultos y una niña (como no, mi hija). Como siempre que he estado comiendo en este sitio, los platos son a compartir, ya que no tienen un plato individual definido, por lo que siempre me parece mejor probar un poco de muchos platos.

Barra Sabors

En primer lugar nos levantamos a elegir algunas de los pinchos que tienen en la barra y que, como os decía, no aparecen en la carta de la mesa, ya que cambian casi todos los días. Pedimos unas alcachofas fritas, unos caramelos de foie y “pipes i carasses”. Las alcachofas fritas estaban buenas, fritas enteras, para ir cogiendo y mordiendo hoja por hoja, pero teniendo un fallo importante: los “pelillos” del interior de la alcachofa hay que quitarlos, porque si no lo haces es muy desagradable intentar comérselos. Es más, a mi hija le encantaron, pero devolvía con asco esos pelitos. En segundo lugar los caramelos de foie dejaban bastante que desear. Son unos paquetitos de masa brick, con queso camembert y un dátil en su interior. El problema de hacer este plato con antelación, y recalentarlo en un microondas, es que la masa queda blanda (cuando tendría que ser crujiente) y el queso chicloso. Por último, las “pipes i carasses”, plato típico ilicitano como os comenté en un artículo anterior, y una de las cosas que hacen de manera espectacular en este local.

Tras esto pedimos varios platos, también al centro, de la carta. En primer lugar una ensalada de ventresca de atún con pimientos asados. Muy buena de sabor y con bastante cantidad de cada ingrediente. En segundo lugar unos lomos de bacalao rebozados acompañados de tomate seco. Muy buenos. Jugosos y con un rebozado crujiente. El tomate seco, separado en el plato, le daba un toque al conjunto muy bueno. El mejor plato de la noche. Por último unos platos de solomillo con alcachofas. Un plato correcto, sin más, con demasiada salsa.

Por último los postres. Como en otras ocasiones, pedimos varios a compartir. Por un lado el típico sorbete de limón al cava, natillas, leche frita (con una salsa de naranja que la hacía diferente) y el que me pedí yo: “Tarta de galletas de la abuela”. La tarta que todos conocemos de galletas y leche en capas. Muy buena, con bastante chocolate (por ahí me tienen ganado), y una buena cantidad. Si tengo que criticar algo es la manía de ponerle nata montada a cualquier postre por encima. A esta tarta le puede ir bien, pero no le hace ninguna falta.

Todo esto a base de cervezas, refrescos y agua, sin vino, salió una cuenta de 20€ por cabeza (contando la “mini-burguer” que pedimos para la niña). Así que os dejo mi valoración:

Ambiente: 7

Servicio: 8

Cocina: 7

Postres: 7

Relación Calidad-Precio: 7

Nota media: 7’2

 
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Publicado por en 18 de enero de 2013 en Alimentos, Elche, Gastronomía, Restaurantes

 

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Receta: Patatas rellenas de pato

El año pasado me debí portar muy muy bien, así que los Reyes Magos me han traído la Thermomix. Así que me he lanzado a hacer mi primera receta con la maquinita y ha salido bastante aceptable. La idea era hacer algo con lo que tenía por casa y aprovechar para hacer la cena, así que abrí la nevera y vi un muslo de pato confitado que me quedaba todavía de Navidad y unos restos de verdura del fin de semana.

Poco a poco os iré contando para qué uso la Thermomix y para qué le veo más utilidad. De todas formas, en las recetas que la use, os diré también cómo hacerla sin ella. Vamos a meternos en faena.

Ingredientes:

Patata rellena

  • 3 patatas medianas
  • 1 muslo de pato confitado
  • 1 cebolla pequeña
  • Verduras que te gusten (yo le puse unos champiñones y pimiento rojo)
  • Queso rallado
  • Sal y aceite de oliva

Elaboración:

Las patatas las lavamos bien, las partimos por la mitad a lo largo y les hacemos cortes transversales, para que sea más fácil vaciarlas cuando estén cocidas. Las podemos hacer al vapor como las hice yo en la Thermomix (con un litro de agua en el vaso y el recipiente Varoma con las patatas con la piel hacia arriba, 30 minutos, temperatura Varoma, velocidad 2). Se pueden hacer al vapor en una olla o bien al horno, en el que, dependiendo del tamaño de la patata, tardará unos 30 minutos en hacerse a 180ºC.

Cuando las tengamos hechas las tenemos que vaciar, dejando un hueco para rellenarlas luego. Lo podemos hacer con una cuchara pequeña o con un sacabolas (es más sencillo). Reservamos toda la patata que saquemos para usarla mezclándola con la carne.

Troceamos la verdura lo más fina posible y la sofreímos en una sartén. Primero la cebolla, luego el pimiento y los  champiñones. Cuando esté hecha, añadimos la carne del muslo de pato picada y una cucharadita de la grasa para que le dé sabor. Una vez tengamos el pato mezclado, añadimos la patata que hemos reservado del vaciado, y removemos bien mezclándolo todo. Si lo hacemos con Thermomix, metemos toda la verdura y picamos (3 segundos, velocidad 5), añadimos un buen chorro de aceite de oliva y freímos (5 minutos, temperatura Varoma, velocidad 1). Cuando esté el sofrito hecho, añadimos el pato (1 minuto más, temperatura Varoma, velocidad 1). Tras esto, añadimos los restos de patata y mezclamos (5 segundos, velocidad 3).

Cuando ya tengamos esta farsa hecha, rellenamos los huecos de las patatas con la misma, siendo generosos. Ponemos queso rallado por encima y lo metemos en el horno, con el gratinador, hasta que se funda el queso. Podemos presentarlas con un poco de tomate frito (mi hija se come al niño Jesús por los pies si lleva tomate Solis…)

Por supuesto, es una receta que admite infinidad de variaciones. Desde la verdura, que admite casi cualquier tipo, hasta la carne (puedes cambiar el pato por salchichas, embutidos como el chorizo, carne picada, bacon, etc.) En definitiva, receta sencilla, que te apaña una cena en un ratito y no tienes que comprarlas congeladas… 🙂

 
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Publicado por en 16 de enero de 2013 en Alimentos, Gastronomía, Recetas

 

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